
Imagen y Estilo

Imagen y Estilo
Coco Chanel
¿Quién recuerda esa famosa frase?
Sin duda la famosa frase de Coco Chanel nos muestra una gran verdad sobre la belleza. Y es que nos esforzamos tanto en lograr una imagen externa perfecta ante la sociedad, que nos desgastamos midiendo las calorías, comprando ropa a la moda, arreglandonos las uñas y el cabello, y no digo que esté mal cuidar tu imagen y salud, es muy importante pero no es lo único, olvidamos llenarnos de todo aquello que le de luz a nuestra alma y corazón que haga brillar nuestra belleza interior.
Acá la pregunta sería ¿con qué lo estamos alimentando? si fueramos concientes que a lo largo de la vida perderemos habilidades o características que hoy nos hacen sentir seguros, nuestro cuerpo envejecerá y la “belleza externa” desaparecerá, al final, solamente quedará la esencia de ese corazón. Y a nuestro alrededor quedarán solo esas personas que atrajimos a nuestras vidas con él.
De nada nos sirve lucir perfectos por fuera, si nuestras actitudes hacen desaparecer, en un instante, toda la belleza que podamos tener. La belleza no es solo alcanzar el 90, 60, 90 de un cuerpo “supuestamente” perfecto, sino en el trato y amor a otros.
Yo me doy cuenta de la belleza de una persona en el trato que le dan a otra cuando les sirven en cualquier servicio, en un restaurante, café, banco, salón de belleza, las uñas, etc. incluso en el trato o respuestas que jefes le dan a su equipo o viceversa, o en el trato de respeto de los hijos hacia sus padres. Solo en el trato, puedes darte una idea de su corazón.
Está bien preocuparnos por nuestra imagen externa, yo como asesora de imagen, mi labor es potenciar esa belleza física para proyectarte de mejor manera, verte mejor por fuera y ayudar a cumplir tus objetivos personales y profesionales, pero no puedo cambiar tu corazón, eso solo lo puede hacer Dios.
Yo si creo que la belleza interna de la que muchos hablan solo puede venir de Dios, porque cuando Dios te encuentra, definitivamente no te deja igual, te llevará por un proceso de transformación hasta colocar su hermosura perfecta en ti. Caminará contigo hasta sanar tus héridas, limpiar tu inmundicia, perdonar tus pecados, te adoptará como hija o hijo, te dará nuevas vestiduras y joyas preciosas, te coronará y prosperará hasta verte reinar.
Y esta promesa la podemos encontrar en el pasaje de Ezequiel 16:14 que dice
“Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta a causa de mi hermosura que yo puse en ti, dice el Señor soberano” Ezequiel 16:14
Y esto se da básicamente por nuestra relación con él, dice la biblia que nosotros somos el templo de Espíritu Santo y cuando el Espíritu Santo está dentro de ti, das frutos, cambias tu actitud y seguridad. Tendría que haber una diferencia entre quien lo tiene y quien no. Porque tu forma de tratar y conducirte por la vida empieza a ser muy diferente a la que estamos acostumbrados en este mundo. En un mundo donde hay amargura, envidia, hostilidad y soberbia, también hay quienes reflejan amabilidad, dulzura, compasión, empatía, son personas de luz en un mundo de oscuridad.
No sé si alguna vez te han dicho: “¿no sé qué tienes? hay algo en ti que te hace diferente a las demás” y ahí nos damos cuenta que su palabra se cumple, la hermosura que Dios pone en cada uno de nosotros, simplemente ¡resplandece!
Yo siempre pongo este ejemplo: y es que el abrirle tu corazón a Dios, ser llamado hijo o hija de Dios, y dejar que transforme tu interior, a través de su Espíritu Santo, es como ser adoptado en la familia Real, pero no como las de este mundo, es una superior.
No sé si te has dado cuenta en las familias reales, ante la prensa deben comportarse de tal manera, guardan protocolos, maneras de hablar, incluso en la forma de vestir. Son un reflejo de esa realeza que los distingue.
Y cuando tú y yo comprendemos nuestra nueva identidad como hijo o hija de Dios, descubrimos que pertenecemos a una familia verdaderamente Real, en esa transformación, adoptas la manera de comportarse en esa familia, empiezas a tener los ojos, el corazón y la mente de tu padre.
Sin embargo, muchos aún no lo conocen o no han tenido una relación con él, el pasaje de 1 Juan 4:8 dice “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” y es tan cierto
A veces no bastará una cara bonita o un cuerpo perfecto, si no tienes un corazón que refleje a otros el amor de Dios, aún por encima de su clase social, estudios, jerarquía en una empresa, su vestimenta, su físico, etc. difícilmente sentirás, verás o tratarás a los demás con respeto y compasión, y cada menosprecio a otros opacará esa “belleza externa” que seguramente no viene de tu padre.
Cuando vistes tu alma y corazón con su amor, empiezas a ver a los demás con los ojos de amor tal como Dios los ve. En 1 corintios 13:1 nos dice:
“Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles, pero si no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso” 1 corintios 13:1
Yo lo comparo con la belleza, puedes tener toda la belleza que quieras, pero si no tienes a amor, solo sería ese metal ruidoso, como un maniquí muy bien vestido en el aparador, pero vacío y ruidoso por dentro.
Así que tratemos de alimentarlo de tal manera que cuando solamente quede tu esencia, los demás puedan encontrar, en el brillo de tus ojos, el amor de Dios; ese amor que un día llenó tu corazón cuando decidiste abrirle la puerta y lo dejaste entrar en el. Ese amor que compartes con el mundo, esa fuerza que atrae a muchos por la manera en que los tratas. Recuerda que si Él está realmente en tu corazón, su amor y belleza resplandecerá siempre en ti, pero lo mejor, es que la dulzura de tus acciones encantarán a millones de almas.
Vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios. 1 Pedro 3:4
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